Balbuceos, sobrehilados del alma.
Soberanas del dios que las domina
recelan que un gesto las deje en nada.
Espontáneas: memoria de la vida.
Oscuras, rezuman desordenadas
ávidas de poseer el instante.
Llueven aguas del manantial en calma:
gotas ácidas, ardientes.
Hermosas alas que se agitan;
pájaros en el aire y la frente.
Desgarran, unas, al respirarlas;
otras, esculpidas para dolerte.
La más sencilla, de todos habla
malvada e inocente:
yo, sin duda, la palabra.
Ana García
Publicado en el nº 11
de la "Colección Variaciones"
16 de Febrero de 2007
sábado, 20 de octubre de 2007
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